Valladolid tiene mala reputación entre cierto tipo de viajero: "es solo una parada entre Mérida y Cancún." Ese viajero se la pierde. Las dos o tres horas que la mayoría dedica a Valladolid son suficientes para ver la iglesia y tomar un café en el zócalo. No son suficientes para entender por qué los que se quedan dos noches siempre desean haberse quedado más.
El Cenote Zací — Dentro del Pueblo
La mayoría de los cenotes en Yucatán están en la selva, a kilómetros de cualquier población. El Cenote Zací está en el centro de Valladolid, a dos cuadras del zócalo, rodeado de casas coloniales. Entras por una puerta de madera en una calle cualquiera, bajas por una escalinata de piedra, y de repente estás en una caverna con un lago subterráneo de aguas oscuras y profundas.
El Zací es un cenote semiabierto: parte del techo se ha derrumbado y la luz natural entra por la abertura superior en rayos que iluminan el agua verde. Los murciélagos cuelgan del techo en las secciones de oscuridad y salen en vuelo al atardecer. Los peces xibalbá —bagres ciegos que evolucionaron en la oscuridad— nadan en las partes más profundas. Una plataforma de madera permite tirarse al agua. El Cenote Zací no es el más fotogénico de Yucatán, pero sí el más sorprendente por su contexto: estar nadando en un cenote mientras escuchas el sonido de la ciudad a dos cuadras es una experiencia sin equivalente.
El Zócalo y la Iglesia de San Gervasio
El zócalo de Valladolid es uno de los más animados de Yucatán fuera de Mérida. Las arcadas que rodean la plaza albergan restaurantes de cocina local, artesanas con ipiles bordados, y heladeros con nieves de mamey, guanábana y tamarindo. Las tardes son especialmente vivas: familias meridanas que vienen de visita, grupos de estudiantes en excursión escolar, y los parroquianos de siempre que ven pasar el tiempo en las bancas de hierro forjado.
La Parroquia de San Gervasio, en el costado poniente de la plaza, es una de las iglesias coloniales mejor conservadas del oriente de Yucatán. Construida en el siglo XVI sobre el solar de un templo maya, su fachada barroca tardía tiene columnas salomónicas y una torre de campanario visible desde cualquier punto del centro. El interior es sobrio comparado con las iglesias de Mérida, pero conserva retablos de madera dorada del siglo XVIII y una imagen del Cristo Negro que es objeto de devoción entre los pobladores de la región.
El Convento de San Bernardino de Siena
A pocas cuadras del zócalo, pero en una dirección que la mayoría de los turistas no toma, está el Convento Franciscano de San Bernardino de Siena. Construido en la segunda mitad del siglo XVI, es uno de los conjuntos conventuales más grandes del sureste mexicano. Lo que lo distingue de decenas de conventos coloniales similares en México es lo que tiene debajo: un cenote en el subsuelo del convento, accesible por una escalinata desde el claustro, que los frailes franciscanos usaban como fuente de agua dulce y que hoy se puede visitar.
El jardín del convento, con naranjos centenarios y una fuente octagonal en el centro, es uno de los espacios coloniales más tranquilos de toda la Península. Los murales en los corredores del claustro están en proceso de restauración y muestran escenas de la vida de San Francisco y la evangelización de los mayas.
Gastronomía: Lo Que Solo Existe Aquí
Valladolid tiene dos productos gastronómicos que son exclusivos de la ciudad y no se consiguen en ningún otro lugar con la misma calidad:
Las longanizas de Valladolid —negra y colorada— son embutidos de cerdo con especias y chiles que tienen recetas que datan de la época colonial. La longaniza negra usa sangre de cerdo y chiles negros; la colorada, achiote y chile rojo. Se comen asadas en el comal, en tacos, o en el desayuno con huevos. Las mejores se compran directamente en las carnicerías del Mercado Municipal, donde los elaboran cada mañana.
Los papadzules de Valladolid usan pepita de calabaza tostada y molida de la región, que tiene una textura y sabor más intensos que la pepita comercial. El papadzul —tortilla enrollada con huevo y bañada en salsa de pepita verde con salsa de jitomate— es uno de los platos más antiguos de la gastronomía maya y en Valladolid se prepara con ingredientes locales que hacen la diferencia.
Los dulces típicos de la plaza son otra parada obligada: cocadas, mazapanes de pepita, calabaza en tacha, camote con naranja, y el icónico dulce de papaya verde con canela. Las señoras que los venden han ocupado los mismos lugares alrededor del parque central por generaciones.
El Mercado Municipal y las Artesanías
El Mercado de Valladolid es uno de los mercados tradicionales mejor conservados de Yucatán, en un momento en que la mayoría de los mercados del estado se han transformado en espacios turísticos o han perdido a sus comerciantes locales. En Valladolid, el mercado sigue siendo el lugar donde los habitantes del pueblo y las comunidades mayas de los alrededores vienen a vender y comprar. Los martes y viernes, cuando llegan los vendedores de las comunidades, el mercado es especialmente activo.
Las artesanas de ipil (vestido tradicional maya bordado a mano) tienen sus puestos en la parte exterior del mercado y alrededor de la plaza. Los ipiles de Valladolid se distinguen por los bordados de punto de cruz en el escote y el ruedo, con patrones geométricos que en algunos casos tienen décadas de tradición familiar. Son prendas funcionales, no objetos decorativos: las mujeres de las comunidades mayas de la región los usan cotidianamente.
Cómo Llegar y Cuánto Tiempo Quedarse
Desde Mérida hay autobuses ADO directos varias veces al día. El trayecto toma aproximadamente dos horas. Desde Cancún, la misma duración en sentido contrario. En coche, la carretera federal 180 conecta Mérida con Valladolid pasando por Chichén Itzá, con opción de hacer parada.
La recomendación honesta para Valladolid es una noche mínima, dos si quieres combinarla con Ek Balam al norte, los cenotes de los alrededores y Chichén Itzá al oeste sin correr. Valladolid funciona perfectamente como base de exploración del oriente de Yucatán: está en el centro geográfico de los destinos más importantes de la región y es mucho más tranquila y barata que los hoteles de la zona de Chichén.
Cenote Suytun y los Cenotes de los Alrededores
A unos kilómetros de Valladolid, el Cenote Suytun es famoso por una plataforma circular de piedra construida en el centro del cenote, iluminada desde arriba por un rayo de luz natural que cae del techo de la caverna. La imagen —una persona sola en la plataforma con la luz cayendo sobre ella— es una de las más compartidas de todo Yucatán. Verifica disponibilidad y horarios antes de ir, ya que el acceso puede estar sujeto a restricciones de aforo.
Los alrededores de Valladolid tienen docenas de cenotes en diferentes estados de apertura. Algunos son abiertos y brillantes; otros son cavernas completamente oscuras. El contraste con la arquitectura colonial del centro del pueblo hace de Valladolid uno de los destinos con mayor diversidad de experiencias en el menor radio de la Península.
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